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Diagnóstico PDF  | Imprimir |  E-Mail
El Alzheimer es como una “epidemia silenciosa” que se instaura en el cerebro, cuya prevalencia crece exponencialmente con la edad. Crea demencia y es irreversible. Es la más abundante de las demencias en el anciano. No se puede hablar de Enfermedad de Alzheimer si no existe previamente una demencia.

Además de la alteración de la memoria, se requiere el deterioro de al menos una de estas cuatro funciones: lenguaje, praxias, gnosias o funciones ejecutivas, en una evolución de los síntomas de al menos seis meses.

La forma típica de presentación es la de un/una paciente anciano/a que acude a consulta acompañado por sus familiares, quienes refieren una pérdida de memoria para hechos recientes, progresiva y, generalmente, de pocos años de evolución.
La depresión y la ansiedad en el paciente son frecuentes a lo largo de todo el curso de la evolución de la enfermedad de Alzheimer.

En la fase de demencia leve existe invariablemente dificultad para encontrar la palabra exacta en el lenguaje espontáneo. En la conversación abundan expresiones y frases hechas, salpicada de bloqueos.

Los trastornos de la función ejecutiva (síndrome disejecutivo) son una de las primeras manifestaciones clínicas de la enfermedad de Alzheimer. La función ejecutiva permite al individuo pensar en abstracto y planificar, iniciar, secuenciar, vigilar e interrumpir una conducta compleja.

En fases intermedias de la enfermedad suele aparecer la apraxia, es decir, la dificultad para llevar a cabo habilidades manuales, a pesar de estar preservado el sistema motor, la función sensorial y la comprensión de la tarea a realizar.

En la demencia grave el paciente deviene totalmente a una dependencia para sus actividades básicas.

Cada una de estas etapas puede durar de 2 a 7 años, de modo que el curso clínico de la enfermedad de Alzheimer puede ser superior a los 20 años.

 


 

 


 
© 2010 Asociación de familiares de enfermos de Alzheimer y otras demencias de Lanzarote
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